11 abr. 2014

PRIMER CAPÍTULO: Diez de Gretchen McNeil

El rostro de Minnie estaba pálido como el de una  muerta. Sus ojos permanecían clavados en el respaldo de tela cubierto de manchas de la butaca que tenía delante, y se mordía el labio inferior con tanta fuerza que Meg temía que acabara por hacerse una herida. Nunca había visto a Minnie tan mareada.
–Mins, ¿estás bien? Su amiga hundió las uñas en la butaca.
–Sí.
–Te estás poniendo verde.
El ferry se inclinó hacia la izquierda al recibir por estribor el golpe de una ola especialmente grande, y Min­nie se cubrió la boca con las dos manos. Por un instante, Meg creyó que su mejor amiga iba a vomitar allí mismo, en la cabina de pasajeros, pero Minnie se relajó a medida
que el barco recuperaba lentamente la horizontalidad.
–Estoy bien –repitió, volviendo a bajar las manos.
–Sí, ya lo veo. –Meg rebuscó en su mochila y sacó una bolsa de plástico por si acaso Minnie la necesitaba. Su amiga la aceptó con gesto distraído–. ¿Crees que todavía faltará mucho? –preguntó Minnie. Meg se echó hacia atrás y apoyó los pies en la fila de asientos que tenían delante.

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