22 mar. 2015

PRIMER CAPÍTULO: Elena. Una vida al galope

La lluvia había cesado. La gruesa capa de nubes grises se resquebrajó y, tras echarle un vistazo al cielo desde la puerta del establo, Elena Weiland decidió dar un paseo a caballo durante una hora, a pesar de lo avanzado de la tarde. El verano llegaba a su fin y durante los meses siguientes tendría que contentarse con montar en el picadero cubierto.

La chica puso un pie en el estribo y se impulsó sobre la silla de su poni tordo. Cuando percibió que se dirigían al campo y no a la pista de equitación, Sirius irguió las orejas. Con un trote ligero, condujo a su joven amazona por el sendero de tierra en dirección a la linde del bosque, pero Elena lo guió a la izquierda, hacia los campos de cultivo y los prados. Levantó la cabeza y observó el vuelo de las grullas, que se recortaban formando una V sobre el cielo gris claro de octubre, en su viaje hacia el sur. El gorjeo de las aves sonaba como una nostálgica despedida del verano, de repente tan lejano. Los vistosos colores de las hojas palidecían con la llegada de la noche; el oro brillante y el rojo se transformaban en un amarillo mortecino y un marrón terroso. La naturaleza perdía su fuerza.

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